
El sexo y el espanto
Pascal Quignard
Sinopsis
“Cuando Augusto reorganiza el mundo romano bajo la forma del imperio, el erotismo jubiloso, antropomorfo y preciso de los griegos se transforma en melancolía espantada”.
La palabra phallus no existe. Los romanos llamaban fascinus lo que los griegos llamaban phallos. En el mundo humano, como en el reino animal, fascinar obliga a aquel que ve a no apartar su mirada. Está inmovilizado en su lugar, sin voluntad, en el espanto.
¿Por qué, durante tantos años, yo he escrito este libro? Para afrontar ese misterio: es el placer el que es puritano.
El goce arranca la visión de lo que el deseo solo había comenzado a desvelar
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